miércoles, 1 de enero de 2014
lunes, 23 de diciembre de 2013
domingo, 22 de diciembre de 2013
Cosas de Navidad
Está la pobre María / en el portal
descansando
Que el viaje ha sido muy malo / pues
un niño está esperando
Ya llegaron los dolores / el parto está
comenzando...
Mirad que Niño más lindo / tiene
María en sus brazos
Saca José de la alforja / los pañales
preparados
Y los caliente un poquito / que fuera
ya está nevando
También quiere hacer la cena / y la
termina quemando
Que él es un buen carpintero / pero
malo cocinando
Menos mal que los pastores / que de
todo se enteraron
Les llevan sopa caliente / y turrón y
mantecados
Pasan dentro despacito / porque el Niño
está durmiendo
Y preguntan por el nombre / que Le van
a poner luego
José dice "como el padre" /
María "Jesús", sonriendo
Y como siempre José / lo acepta
"Jesús, de acuerdo"
Y siguen hablando bajo / que no quieren
despertarLo
Cuando entra un niño al portal /
"Vienen tres hombres muy raros"
Salen a verlo a la puerta, / en camello
llegan los sabios
"Somos los Magos de Oriente / y Le
traemos regalos"
El portal es muy pequeño / Y hay mucha
gente dentro
Están todos apretados / Pero siguen en
silencio
María comprueba el Niño / en el
pesebre acostado
Y mira que sus pañales / no los tenga
ya mojados
Pero está ya muy cansada / que el día
ha sido muy largo
Y se le cierran los ojos... , / la
cara apoya en la mano...
María se está durmiendo / y los otros
la están mirando...
... Se van todos que mañana / se han
de levantar temprano.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Un rincón de Cabra en Sevilla
Sevilla puede
ser el barrio más grande de Cabra. Seguido quizá por Barcelona. Hay
montón de egabrenses por ahí y por eso te encuentras cosas de lo más
inesperadas. Desde un anuncio de excursión a Cabra a otros rincones
curiosos como este que digo hoy.
¿Has venido de Cabra en autobús?
Entonces habrás llegado a la
Estación de Autobuses de El Prado de San Sebastián. Por ahora
al menos, que quieren quitarla y quién sabe qué será de ella. Pues eso, que
estamos en la estación de autobuses y vamos a salir de ella por la puerta
principal, atravesamos las dependencias de taquillas, la parada de taxis y
seguimos por un aparcamiento reservado a jueces abogados y demás personas
relacionados con la justicia (lo que es tener la sartén por el mango, ¿eh?, el
que puede se queda con el aparcamiento el resto que vaya en autobús), es el
aparcamiento del Palacio de Justicia que es ese edificio con soportales justo a
tu izquierda, por la acera por la que vas caminando.
En frente estás viendo unos
jardines, son los Jardines Murillo, y una calle con tráfico más o menos
abundante entre el jardín y tú. Cuando llegues a esa calle te encontrarás en la Pasarela. La calle se llama Avenida
de Menéndez Pelayo, pero ese lugar todo el mundo en Sevilla le llama La Pasarela, porque en su tiempo
hubo una pasarela en forma de puente de madera que servía para que los peatones
pasaran por ella de una acera a la otra dado que en esa zona es donde se ponía la Feria de Abril y así no se
molestaban peatones-vehículos. Pero a lo que vamos que es a un rincón de Cabra
en Sevilla.
Si estás ahí ya, pasa a la acera
de enfrente, a los jardines. No es por nada, sino porque durante un rato va a
ser la zona cómoda de pasear para ir andando a ese lugar que nos interesa. Pues
eso, pasa pero no entres en el jardín, quédate en la acera, déjalo a tu
izquierda y la calle a tu derecha y ponte a caminar un poco. No hay prisa, no
está tan lejos.
Esos jardines, por cierto, están
justo por fuera de la antigua muralla de Sevilla, de hecho si entraras podrías
ver un buen trecho la muralla que aún sigue y que los separa de los jardines de
los Reales Alcázares, e incluso un trozo de las murallas defensivas antiguas,
pero no entres ahora, ya tendrás tiempo después, por ahora sigue por la acera
hasta que se acaben los jardines. Un aparcamiento subterráneo te sirve de
control para saber que vas bien. Si miras a tu derecha, a la acera de enfrente,
a aquella por la que llegaste, verás el edificio de la Diputación de Sevilla, un antiguo cuartel,
también podrás visitarlo más adelante, puede que hasta te guste porque tienen
con frecuencia exposiciones provinciales.
Esa zona en la que te encuentras
ahora es la Puerta
de la Carne. En
sus tiempos era la zona del matadero, era por donde entraba la carne en
Sevilla, pero “en sus tiempos”. Lo que hoy se llama antiguo matadero (antiguo
ya) está lejos de esa zona y ni siquiera se va por ahí. Además en la calle del
cruce junto a la Diputación
verás un paso elevado que deberás visitar en cuanto puedas, aunque no sea más
que para ver desde él la Giralda. Es
un puente que se hizo para pasar por encima de las vías del tren, pero hoy
sirve para pasar sobre una calle asfaltada. Por cierto ahí mismo está el
servicio de bomberos, el cuartel principal de los bomberos. Mejor que no los
necesites pero por si acaso.
Tú, de todas formas, ni caso,
aprovecha que el semáforo está en verde y cruza por la misma acera por la que
vas y sigue adelante. Ten cuidado. A tu izquierda está la zona del casco
histórico, buena parte ya extramuros aunque la muralla no se ve por ningún
lado, ya está absorbida por la ciudad,
pero sigue habiendo pequeñas bocacalles, sin apenas tráfico, cierto, pero es
que lo de “ten cuidado” no es tanto por el tráfico que pudiera haber sino por
que no te atropellen los escasos ciclistas que hacen uso del carril bici que
hay en la acera por la que vas.
Pasa de semáforos, no les hagas
caso hasta que llegues a otro cruce importante, con tráfico. Te hallas en la Puerta Carmona. Efectivamente,
era la puerta de la muralla donde nacía el camino para Carmona. (¿Sabes qué es
Carmona?, pues un pueblo de Sevilla que deberás visitar en cuanto puedas,
merece la pena). Estás en un cruce con una pequeña plazoleta y un jardincillo,
una iglesia y a la izquuierda una ferretería, Ferretería Puerta Carmona (no podía llamarse de
otra forma), de las más grandes y antiguas de Sevilla. Grande y antigua, ya te
digo, si quieres un tornillo lo encontrarás, y si quieres un molinillo de café
de aquellos de manivela, también, comprobado.
Llevarás como diez minutos
andando o poco más, si te has entretenido mirando los escaparates. ¿Estás donde
te explico? ¿Es correcto? Pues pasa al otro lado y espera, que ahora tendrás
que cruzar de nuevo a la otra acera, a la primera por la que iniciaste tu
andadura por Sevilla. La calle cambia de nombre, Calle Recaredo, pero tú sigues en la misma dirección. Si te
pido que cambies es porque ahora ya estás cerca y este camino se vuelve cómodo.
Y ahora despacio, no te lo vayas
a saltar. En una bocacalle de tu derecha (lógicamente, a tu izquierda tienes el
asfalto y el tráfico), te vas a encontrar una plazoleta triangular con un
vértice en la acera. Y en un lateral de la calle una iglesia, la conocerás por
la entrada, la iglesia de San Roque de donde salen una procesión en
Semana Santa. Y en la iglesia de San Roque, en el muro que da a la acera por la
que vas y detrás de una parada de autobús, justo ahí, está el azulejo que te
digo.
Pues eso ahí está un azulejo con la imagen de la Virgen de la Sierra, arriba los escudos a la izquierda el de Cabra y a la derecha el de Sevilla y una orla con la bandera de Cabra, y, al pie, por si hubiera alguna duda, la leyenda "MARIA STMA DE LA SIERRA"
¿Cómo fue que eso llegó ahí? Ni idea. ¿Fue un homenaje de la comunidad, parroquia, cofradía, etc, a la Virgen de la Sierra? ¿Fue un homenaje de gente de Cabra a la parroquia? Ni idea, no sé cómo fue que llegó eso ahí pero ahí está.
domingo, 7 de julio de 2013
jueves, 13 de junio de 2013
La vuelta
El coche está caliente de todo el día. Ha estado a la
sombra, pero tanto da, el aire está caliente y la sombra no ha conseguido evitar
que el resol caldeara el interior a través de las ventanillas.
Aunque el tráfico está fluido, se ve que somos muchos los
que hemos escogido la misma hora y el mismo día para ir, y para volver, al
mismo sitio. Muchos vehículos por delante y muchos por detrás, buena velocidad
pero la misma para todos, difícil, casi imposible adelantar o ser adelantado.
El sol rojizo de la tarde entra por el costado. María, de
copiloto, dormita, los críos detrás, despatarrados, duermen como troncos. Por
el retrovisor veo que la niña está doblada y con la cabeza apoyada en las
piernas del crío, intento imaginar lo retorcida que puede estar, con el
cinturón puesto y caída de lado, sobre los posabrazos de la silla infantil, en una postura tan difícil que adrede no
podría, pero me es imposible. Es que son de goma.
Están cansados de todo el día en la playa, los niños
corriendo y bañándose o mojándose que para ellos es lo mismo, y María pendiente
de ellos. Nos repartimos el trabajo, a ella le tocó la playa de los niños y a
mí el conducir, lo mío es más descansado, ya te digo. Cayeron los dos…, los
tres, dormidos antes de salir. Ni nos dio tiempo a guardar las cosas en el
maletero, cuando los niños, acomodados en su silla respectiva, casi mojado aún
el bañador, ya dormían. Y María había caído antes de salir el coche del
aparcamiento de la playa. Agotaítos qu’están.
La carretera se complica un poco al cambiar de ruta. Salimos
de la buena y pasamos a la provincial. Pero al menos la circulación disminuye
algo. Está anocheciendo. Las luces rojas de los pilotos pintan rayas en la
carretera. Algún que otro vehículo de frente y camiones sueltos entre nosotros,
pero muchas curvas, seguimos sin poder adelantar, vaya jaleo de vuelta a casa. Eso
pasa por cruzar la sierra para ir al mar.
En el compac suena Elvis. Suave y tiernamente, Love me Tender,
apenas un murmullo que me acompañe. Es nuestra canción, sonaba cuando nos
conocimos, sonó en nuestra boda y sonaba cuando… engendramos a la niña… y deja
los recuerdos, chaval, deja los sueños, que estás conduciendo y tienes dos
hijos detrás, mira la carretera.
María se mueve bruscamente y se despierta, ¿cuánto queda?,
pregunta somnolienta. Se da la vuelta y ve el nudo de los niños. También es de
goma. Se retuerce en el asiento y consigue enderezarlos sin que se despierten y
sin soltarse el cinturón. Vuelve a mirar de frente y repite, ¿cuánto queda?,
pregunta retórica, pues se vuelve a quedar dormida inmediatamente. Debió soñar
que los niños iban mal y se despertó para poner orden. Las madres, ya se sabe,
no se sabe cómo lo saben, pero ahí están.
Veinte minutos. Ya sé que la pregunta no era más que una
forma de decirse a sí misma que estaba despierta, pero la respuesta no es más
que una forma de decirme que estamos llegando y que no voy solo. Hay una
necesidad compulsiva de responder a su pregunta, por más retórica que sea. Me
respondo a su pregunta. Veinte minutos. Aunque nadie me escucha, que yo sigo
con Elvis.
Apenas ha caído la noche, aún el crepúsculo asomando por el
horizonte cuando por fin tras un adelantamiento al camión que me ha tenido
detrás los últimos diez minutos llego al cruce. Nuestro cruce. Doy un ligero
codazo a María que se remueve y abre los ojos. Estamos llegando. Mira delante,
se sitúa mentalmente y por fin se despierta. Pone orden, las mujeres siempre
ponen orden, las madres también, en el habitáculo y revisa una vez más a los
niños.
Colea aún la última canción del CD de Elvis en el compac. ¿Te
acuerdas…?, y sueña, ella puede.
Y la calle se materializa por fin. Con esto de los fines de
semana y del buen tiempo tenemos suerte. Hay un aparcamiento apenas a diez
metros de la puerta.
Con cuidado, como si fuera posible despertarlos, cogemos a
los niños. Ella se lleva a la niña, la menor, mientras el niño se me cuelga del
cuello. Los subimos y le dejo que los acueste mientras bajo a encargarme de los
bultos. Mañana terminaremos de colocarlo todo que estamos muertos.
domingo, 19 de mayo de 2013
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