miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Quién quiere volver?

Viajar es vivir de prestado, vivir de costado. Viajar es dejar la vida a un lado, aparcada y guardada en el garaje, la verja echada, mientras una acera desconocida se extiende bajo nuestros zapatos.

Al viajar guardamos el presente y cerramos la puerta, cerramos la mente, nos damos la vuelta y ante nosotros se extiende un presente nuevo de corta duración. Viajar nunca es pasado, nunca es futuro, siempre es presente, un presente continuo. El tiempo se comprime y se alarga a la vez, no salimos del presente, ni llegamos al futuro.

Viajamos y nuestra mente se llena de rincones nuevos, repletos de fotos y detalles, de gente nueva, de espacios nuevos, de placeres nuevos, todos iguales que los de siempre pero que el viajar los convierte en todos nuevos, juntos y mezclados en un arcón, cada viaje su arcón, del desván de la memoria. Viajar nos hace nuevos por un tiempo.

Es la meta, el final del viaje, la que nos impone el futuro contra el presente. Dejar de viajar es cerrar el arcón y recuperar el viejo presente. Volver a los espacios viejos, los placeres viejos. La meta nos cierra lo nuevo para abrirnos lo viejo. El futuro del viaje es un futuro viejo lleno de arcones de memoria.

¿Quién quiere regresar?

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